A Maureen se le muere su hermano mellizo de una enfermedad congénita que los dos comparten; los dos tienen además el don de la comunicación con espíritus: son médiums. Ella está en París esperando que el hermano se le aparezca, mientras se consigue un trabajo de personal shopper (esto consiste en comprar ropa y hacer mandados finos a una top model), tiene un novio que trabaja en Dubai y le habla por skpye. Mientras espera al hermano, se contacta con otros fantasmas y tiene un acosador por whatsapp.

No juzgo la verosimilitud. Leído así el argumento es inconsistente, pero la película queda dando vueltas en la cabeza. Olivier Assayas supo ver la inconsistencia de una generación y elige para mostrarla a Kristen Stewart mientras hace con ella lo que quiere.

No importa mucho el fantasma, ni la trama; no nos vamos del cine por el desconcierto que genera la protagonista, su actitud física es la de un adolescente lumpen: usa jean, zapatillas y campera de cuero, anda en moto, trabaja sin ganas, desprecia a su jefa, no sabemos qué le gusta, está esperando la aparición del hermano muerto pero tampoco eso la convoca con entusiasmo, tiene un novio en el otro lado del mundo pero no parece que se muera por verlo y tampoco le dé fastidio hablarle por la computadora, fuma con gestos exagerados, parece enojada. Kristen Stewart hace apología de la insatisfacción.

¿De qué habla la película? De la inteligencia de Assayas y del deseo. Stewart no se hace cargo de su belleza, la rechaza así como a cualquier mínimo gesto femenino; representa, no su personaje pero sí ella, todos los clichés millenials. Assayas la deja hacer, escribió un guion metafísico, con asesinato incluido, para entretenerla, llenó de belleza las escenas y la puso en lugares incómodos para que la pudiéramos desear.

Una escena clave es en un consultorio médico adonde va la protagonista para controlarse su enfermedad, la misma que mató a su hermano; habla con el médico mientras él le hacen un ecodopler, recostada como la maja desnuda pero semi, sin la antiestética bata que suelen ponerles a los pacientes, con torso blanquísimo y un cuerpo que se esfuerza por ser andrógino pero es de una femineidad que trasciende el deseo de quien lo porta. Jean y zapatillas para completar las señales contradictorias y reglamentarias de la histeria.

El director logra relajar a su actriz fetiche por primera vez en la corta vida de Kristen Stewart en la gran pantalla cuando hace que su personaje se saque la chomba negra masculina y se pruebe, en un momento muy Chabrol, la ropa lujosa de su jefa; elige un arnés casi sadomasoquista y juega con los elásticos como Charlotte Rampling con los tiradores en “Portero de noche”. La escena termina con la protagonista en la cama de su empleadora tocándose y sintiendo por primera vez placer, paradójicamente, jugando a ser mujer.

No sé si “Personal Shopper” es una buena película, pero sí todo un gesto por parte de Assayas: el de hacernos voyeurs de una forma tan elegante de su relación perversa con Kristen Stewart.

Jimena Ríos