Mire, el problema es la familia. En realidad son los abuelos. Y si me apura yo le digo, huya, pero de todos sus parientes,  no es que yo sea una persona ajena a los problemas de discriminación en general que vive la humanidad desde que éramos unos monos, pero en qué de quilombos nos meten nuestros ancestros!

El problema no es si Obama fue o no el mejor presidente de la historia como plantea este film ( yo creo que haya sido el mejor ni por asomo, pero bueno, vamos a respetar las líneas del guionista y director Jordan Peele), acá el problema son los familiares, ya sean negros, blancos, amarillos, religiosos, judíos, musulmanes, putos, lesbianos, transexuales y demás.  Huye, o Get out, como se titula en su idioma original es una buena película de algun género que no se bien cómo definir: ¿Thriller racial?, ¿Suspenso de razas?, ¿Terror negro?, ¿Terror blanco?, ¿Indie bicolor? Y así podríamos seguir la lista de géneros novedosos e interminables buscando catalogarla sin éxito. Lo que está claro es que esta es una película que desorienta. Y es ahí entonces cuando la problemática empieza a ramificarse, y lejos de quedarnos con la trama, subyace una especie de hipnosis en la cual uno empieza a marearse y  a ponerse la mente de color oscuro. ¿Trump es el malo? ¿Obama cares? ¿El negro es fashion? ¿Siguen siendo superiores los blancos? ¿Es el blanco el negro del hoy? ¿Quién votó a Macri?

Por desgracia el golpe de la cuchara en la taza de té de una sorprendentemente obesa Catherine Keener nos despierta y nos mete de nuevo en el pozo profundo y nos trae de vuelta al film para ratificar su rumbo siniestro. Secuestre a un negro y haga patria, parecen decir en el pueblo suburbano de algún lugar de Estados Unidos profundo. Y si puede, ábrale la cabeza, sáquele el cerebro, pongáselo a un blanco debilucho y siéntase un rapper de Atlanta, un Black Menguele por cinco minutos. Pero claro, con tanto negro, tanta sugestión, tanta corrección política uno ya se olvida de ser quien es y de pensar como uno debe. Y ahí como por arte de magia se evapora el verdadero quid de la cuestión: que es  que los familiares son unos hijos de puta! Piden descendencia, piden pertenencia, piden continuidad y hacen todo lo posible por cagarte la vida y meterte en la cabeza que sos de ellos. Uno los quiere, porque son los padres, los abuelos, y no hay mucho que hacer con eso, pero bueno todo tiene su límite.

Un párrafo final para la espléndida y terrorífica Allison Williams en el papel de Rose, que nos hace amarla  por lo linda que es, por lo blanca, por sus ojos celestes, por lo pura, por lo genéticamente perfecta, porque entre tanto contraste, uno puede sentir que el mundo aún puede ser un poco mas bello. ¿No es cierto, papá?

Juan Manuel D’Emilio