¿Quiere que le diga una cosa? Usted es el culpable. Usted es el culpable de la muerte de John G Avildsen. Porque su muerte, no es una muerte más. Usted tiene la culpa. Usted y su mundito globalizado en decadencia lo hicieron posible. Usted, que se cree que porque ahora tiene un teléfono en sus manos, puede controlar el mundo. Usted que vota empresarios en vez de actores de westerns. Usted que se saca una foto a si mismo todo el tiempo a pesar de quedar como un pelotudo. Usted que en vez de ir al cine se queda en el sillón de su casa de pobre, mirando la porquería sobrevalorada de Netflix y sus series de cotillón. Le digo más y esto es grave: usted mató a los Estados Unidos de América. Porque si algo quedaba de Estados Unidos se murió con John G Avildsen. ¿Y sabe cuándo empezó a morirse? Cuando tiraron el muro en Berlín. Porque muchos se piensan que ahí se acabó la URSS de Ivan Drago. No señores. Se equivocan. Ahí se acabó USA. La mejor de la historia. La de los ochentas. La de Ronald Reagan. La de Scarface. La de Giorgio Moroder. La de Bill Conti. La de Joe Espósito. La de Springsteen con los jeans ajustados. La de Madonna buscando a Susan. La de Marvin Maravelous Hagler. La que me acompañó en mi ilusión adolescente. La que nunca me permitió comprar zapatillas Nike Feraldi ni tirar para arriba con Zas. La que reemplazó a mi padre por el Sr Myagui, y la que me hizo creer que todo era posible. Pero no claro, no les alcanzaba con eso, no les alcanzaba con Rocky dejando de ser un criminal para ser un profeta moderno y hacer 1, 2, 3, 4 5, 6 y Creed. No les alcanzaba con Daniel Larusso haciendo la grulla en una gamba y pegándole de lleno en la cara de Johnnie Laurence para despeinarle el jopo rubio, ganarse el trofeo y finalmente llevarse a casa a la Elisabeth Shue. No claro, no les alcanzaba. Querían otra cosa. Querían ser tecnos. Querían ser globales. Querían ser iguales. Querían un Steve Jobs. Nunca entendieron nada. Nunca entendieron la construcción del sueño. Mataron al enemigo. Y así les vino esto que tienen ahora. Este kilombo a cuerda entre bombas, rezos, refugiados, robots que juegan ajedrez y chinos que fuman en Beijing. Se merecen Sillicon Valley, la inmigración y el cine documental. Se merecen La La Land y que se equivoquen en la entrega de los Oscar. Se merecen Boyhood y lo conceptual. Se merecen la selfie de Samsung. Se merecen el infierno de mirar todo el tiempo la pantalla del de al lado. Se merecen no tener piedad como decía El Sensei de los Cobra Kai.

Y no se merecen acompañarme en el duelo de la muerte de John G Avildsen. Porque aunque John G. no lo sepa, ni me conozca, soy el que a los 11 años me escondía en las butacas de los cines de Lavalle para poder ver de vuelta Karate Kid. Soy el que entendía que Rocky aun perdiendo en el último round, ganaba la gloria eterna. Soy el que soñaba con salir del dolor y triunfar mientras sonaba en un walkman Born in the Usa. Soy el que despide a los que nos acompañan y enseñan.

Con John G Avildsen se va el mejor cine americano, un país y un pedazo de mi vida. Mientras tanto, a usted, lo declaro culpable.

Juan Manuel D`Emilio