Massino es un niño que tiene una madre muy presente: bailan, juegan, comparten tiempo. El niño esta acompañado, es hijo de una madre intensa, pero eso lo sabemos sólo los espectadores psicoanalizados, el protagonista de la última película de Bellochio no, él tiene esa madre, sólo conoce ese modelo y se lo ve feliz.

La madre muere, es confuso, aparecen unos tíos que se hacen cargo del niño esa noche, no le cuentan mucho, todos están tristes. Hay un cura que intenta explicarle a Massimo que la madre será su ángel de la guarda, un velorio, flores, ataúd y luto: escenas que nos recuerdan al mejor neorrealismo italiano.

El padre no es el de Benigni que nos quiso hacer creer a que a los niños en circunstancias trágicas hay que mentirles y que todo padre es un clown en potencia. Bellochio, que de cine sabe, nos muestra a una hombre que hace lo que puede: lo lleva al futbol , encuentra quien se ocupe de él. Atrás de ese modelo vemos a una generación entera que cuidaba a los niños de los males generales pero de ninguno en particular. La madre los dejó solos a todos y frente a eso cada uno hace su duelo cuando y como puede.

La escritora canadiense Mavis Gallant dice en su cuento El Doctor: Los menores de diez años entran a una habitación y perciben de inmediato todo lo que se siente, todo lo que se calla, todo lo que se reprime relativo al amor, al odio, y al deseo, aunque puedan no tener las palabras adecuadas para esos sentimientos. Es parte de la clarividente inmunidad a la hipocresía con la que nacemos y que se desvanece justo antes de la pubertad. 

Marco Bellochio en Dulces sueños nos deja ser testigos de la perdida de esa inmunidad a la hipocresía. Podemos ver en cada escena todo lo que el niño no puede gestionar pero si sentir y, por el ritmo que Bellochio genera yendo del recuerdo a la actualidad, cómo lo que no se dijo y el desamparo hicieron que ese hombre se relacione como lo hace.

El niño creció y se volvió periodista y corresponsal de guerra. La película esta armada de tal forma que los flashbacks no los vemos como escenas del pasado sino como la construcción del recuerdo del protagonista: el punto de vista es Massimo y lo que vemos es la construcción que él hizo, la madre de un compañero como el ideal de madre que a cualquiera le molestaría por su excesiva presencia pero en el solo es una muestra más de su carencia. Y un especial apartado a la televisión como compañera principal de juegos y sus personajes integrados a la vida diaria. La madre muerta deja a Massimo a cargo de un fantasma, ven la serie “Belphegore el fantasma del Louvre” juntos en las primeras escenas y el personaje de la mítica serie francesa se vuelve su dios y protector durante toda la vida. Una muestra magistral de Bellochio de cómo uno construye su altar con lo que tiene más a mano.

No voy a contar más de la trama, no viene al caso porque esta película hay que verla. Marco Bellochio es de los últimos directores de los que hacen que usted se siente en el cine y vea una película con denominación de origen. Lo que usted va a ver de principio a fin es una película italiana. Detrás de cada escena hay un director que tomo decisiones, un equipo de personas dirigidas con un solo fin, en este caso es el de mostrarle a usted que quedarse sin madre y cortar el lazo del amor incondicional cuando uno es un niño trae consecuencias. Como el que decide contárselo es un director de cine que sabe lo que esta haciendo, usted no se distrae, usted se queda ahí callado y aprende que cada cosa que ve. No hay una actuación que sobresalga ni que desentone, hay decisiones pensadas y acertadas y las tres principales son Berenice Bejó, Valerio Mastandrea y Emmanuelle Devos, en ese orden.

Por último le pido que se relaje, se deje llevar y crea en Bellochio: va a transitar la vida de un niño de nueve años desde que se le muere la madre hasta que se convierta en hombre y logra hacer el duelo. No tenga miedo que no va a ser manipulado, no hay golpes bajos: cuando usted esté sintiendo que empieza a ponerse sensible Bellochio le da el antídoto y pone en voz de algún personaje la palabra justa para que usted no caiga en sensiblerías. El protagonista sí, a él si lo sacrifica y le hace escribir una carta totalmente cursi pero necesaria porque a él si se le murió la madre pero a usted lo mantiene al margen y lo deja llorar si es que lo necesita y disfrutar de un baile maravilloso que Mastandrea nos regala para exorcizar todos los fantasmas y convertirse en adulto por fin. Y agradezca que todavía hay Bellochios que hacen que un niño en una iglesia italiana le rece a su madre muerta con una canción de Domenico Modugno

Resta cu’ mme
Pe’ carità
Stattè cu’ mme
Nun me lassà

y de gracias poder todavía escuchar de la voz de Roberto Herlitzka una frase como ¨Lo importante es reaccionar al dolor, no ser la victima¨. Amén

Jimena Ríos