Se trata de Ojka, que creo que es el nombre de un cerdo animado, gigante y oriental. En realidad no estoy muy seguro y sólo me guío por comentarios o posts como le dicen ahora. También dicen que es una película que habla en contra del sistema de la producción de la carne de cerdo pero que en el fondo esconde una muy profundo crítica en contra del sistema productivo capitalista. Digo, por si fuera poco, ahora nos quieren privar de comer un pancho en Blancanieves, o en alguno de esos lugares al paso, narrándonos los horribles componentes de una salchicha. ¡Mirá que novedad! Tiene también Ojka, los típicos comentarios de los snob de turno que hablan de obra maestra de Bong Joon Ho, un coreano del sur (obviamente) que hizo The Host, el film del 2004, del monstruo de la contaminación que aparecía desde las profundidades de las aguas en Korea y se los embutía a todos, grandes y chicos. O sea, que el coreano ya viene rompiendo las pelotas con el jugo gástrico de la monstruosa sociedad liberal en la que vivimos desde hace más de una década. Pero lejos de aislarse del mal y cruzar la frontera para los pagos de su vecino, la bestia norcoreana que juega con misiles y que se saca fotos con sus camaradas siempre riendose despues de enviar a los Océanos uno de sus chiches nucleares, a Joon Hoo se le ocurrió asociarse con Netflix y presentar la película en Cannes en su competencia por la Palma de Oro, sin pasar por ningúna sala de cine. Directo a su living digital. Lo cual me hace enemistarme, enfrentarme, odiarla, boicotearla y por supuesto criticarla sin siquiera haber visto el trailer, porque como se imaginarán, no pienso ser uno de los millones de espectadores lobotomizados por streaming, que se sentarán a deglutir el plato del cerdo coreano sin pasar por la pantalla grande. Este resentimiento tecno que me posee con este tipo de confusiones alrededor de la modernidad, no hace más que convertirme en un ser al cual seguramente, cualquiera de los reptiles o porcinos deformes que Bong Joon Hoo creará con su mente, me comerán de un bocado sin la menor piedad. No seré otra cosa que carne de cañon para todos los posteadores compulsivos de las redes con comentarios maravillosos y sublimes que nos encontraremos de acá en adelante por la nueva maravilla productiva del imperio Netflixeano, que viene a romper las cadenas distributivas de un cine obsoleto.

Pero debe saber el señor Hoo y sus socios que para encontrarme como espectador, deberán dirigir a su próxima bestia a alguna sala escondida de cine sobreviviente en este apocalipsis post humano que el big data y las grandes corporaciones nos han regalado. Ahí, sentado en una de esas butacas enfrentaré a la bestia y le diré cerdo sorete, a mi no me vengas con tus caritas tiernas ni tus engaños infantiles, ni con tu sistema programado de influencias, conmigo no! A mi si me querés, estrenála en los cines como Dios manda. Y ahí tal vez pueda ver lo que tenés para decir, ahí tal vez te cambie el pancho por un pan de mijo o por una milanesa de soja transgénica.

Dicen además que la película tiene escenas post créditos. No faltará quien imagine a Bong Joon Ho riéndose junto a sus camaradas luego de lanzar su misil.

Juan Manuel D’Emilio