Dije algo muy profundo, no? Escribílo, porque te vas a olvidar.

Así, con ese grado de profundidad literaria, el japonés Koreeda Hirokazu nos da una paliza audiovisual a través de sus personajes. Y lo hace con palabras y escenas milimétricas. Especialmente esa, en la que Madre, una encantadora anciana le dice a su hijo adulto y atormentado Ryota, tal vez la frase más precisamente profunda de la última media hora descomunal que tiene Después de la Tormenta.

Por suerte Ryota, que está recientemente separado, y es un novelista en extinción haciendo las veces de detective privado para poder pagar la mensualidad que le permita ver a su pequeño hijo Shingo, la entiende, y la escribe.

Antes, en la hora y media previa, el japonés, ya nos tenía de un lado al otro con el llanto en la garganta y la sensibilidad que sólo un artista oriental puede desarrollar con tanta emoción contenida. La vida errática y occidental de Ryota y los pasos que sigue para conseguir ese dinero que le permita ver a su hijo, nos lleva a identificarnos y nos va conmoviendo con la cercanía que tiene una historia que transcurre en las afueras de Tokyo pero que tranquilamente podría suceder en cualquier barrio de Buenos Aires. Porque si algo tiene esta película es ancho de profundidad. Uno podría pensar que si hace un pozo en la vida de una familia separada, supongamos en Villa Urquiza, muy probablemente luego de cavar profundamente aparezca en la vida de estos japoneses. Y como uno, de alguna manera quiere ser japonés y sabio, siguiendo el consejo de la anciana, capta algunas de las frases de la película y también escribe para no olvidar:

  • Las mujeres somos distintas, nuestro corazón es como pintar una acuarela que se pinta encima de un óleo.
  •  Los hombres se dan cuenta que estaban enamorados cuando se separan de su ex.
  • Una mujer educada y decente, puede sostenerse sola.
  • La literatura no es cosa seria hoy. Todo es pop.
  • Fuimos a comer una hamburguesa, pero no fuimos a Mc Donalds, fuimos al que está al lado.

 Y así avanza Después de la tormenta entre actuaciones magistrales, compras de botines Mizuno, celos de ex parejas, y grupos de ancianos que se juntan a escuchar a Beethoven. Todo con soberbios punto de vista entre la cruza que hicimos de este mundo en el que Oriente y Occidente se mezclan y se pierden, con una entereza para entender que el presente es una deuda que no sabemos pagar en el instante, que el pasado nos arrasa con la fuerza de un tifón, y que si sabemos resguardarnos en los toboganes de la infancia, tal vez, sepamos dejar que pase la tormenta y que la calma reaparezca. Aunque lo que creo que mas duele, es que la tormenta sea universal. Aunque siempre tengamos la esperanza que la lotería que tiene la vida, saque nuestro numerito.

Sí señora ancestral, sabia y dulce, lo que usted dijo es muy profundo. Y yo como buen hijo, le hago caso.

Uno no encuentra la felicidad porque nunca llegamos a saber bien lo que es el amor. Y así estamos hasta el último día, a veces alegres y otras tristes, mientras lo buscamos.

Juan Manuel D’ Emilio