¿Internet es algo malo? No, claro que no, internet es como una silla que aunque exista la eléctrica, en su esencia no pierde el valor de ser un cómodo mueble en el que uno se sienta. Así esta internet de instalada en las familias, como una silla más.

Le hablo a usted señora  que postea en su muro :“oh cuánto mejor es el tiempo invertido en contemplar un atardecer que frente a una pantalla”  o un articulo de la Universidad de Michigan sobre el perjuicio de exponer a los niños frente a la computadora. Y en ese umbral se queda mientras sus hijos miran Netflix. Y ahora usted se preguntará: ¿Netflix es malo? y yo le diré :si, Netflix no es como la silla ni como internet, Netflix esta mal.

El peligro de internet querido lector no es que su hijo chatee con un pederasta rosarino que se hace pasar por otro niño, su hijo no es tonto, su hijo no chatearía con el pederasta rosarino pudiendo chatear con su compañero de colegio y hoy por hoy el pederasta rosarino abre el Facebook y busca a madres que postean desde el bautismo de Lauti hasta los quince de Mica con el minuto a minuto y el pederasta rosarino no se toca con la foto que su hijo le mandará sino con las que usted y su marido suben de la nena posando en bikini en la playa de Gesell. El niño en internet tiene acceso a todo incluso a pornografía  y si, como usted lo tenía también y nadie a muerto por eso, usted señor repite lo del pederasta  y lo de la pornografía y lo mala que es la internet y su hijo vive en la esquizofrenia de que usted mismo subvenciona lo que considera un mal en vez de decirle si dale corazón anda a chatear que yo quiero mirar los goles de Huracán por el teléfono.

Entonces ¿dónde entra Netflix acá? y ¿dónde entra el cine?, le cuento: nosotros teníamos una cultura audiovisual que nos enseñaba la empatía y la rebeldía en iguales proporciones, conociendo la realidad nos revelábamos contra ella, inspirados en el cine que consumíamos o por el cine que consumíamos nos rebelábamos contra eso que nos mostraba. Usted no se hizo luchador libre por ver Titanes en el ring, ni vaquero por Bonanza pero entendió que así como hay abogados malos podía haber hombres de la barra de hielo buenos, usted sabía que había niños criados en ranchos con un cocinero chino como los Cartwright y camioneros con monos, otras cosas, distintas a las de su casa y si usted como niño ya mayor quería entretenerse de otro modo no tenia más que poner a Los duques de Hazard y mirando a sus chicas explorar otros placeres, a sus padres no les importaba el contenido porque no tenia la menor importancia, a usted lo educaba alguien  y gracias a dios muchas cosas al mismo tiempo: la escuela, el club, el barrio, los amigos, los abuelos y los padres. Estaba Disney con su mundo rosa y sus princesas y magos y no era grave, la moralina de Disney es razonable  cuando entendemos que la literatura de John Cheever  relata la misma época, entonces el cuadro se completa y nos imaginamos a los niños mirando “Aprendiz de Brujo” mientras su padre alcohólico llega a casa.

Siga mirando fotos de sus cuñadas en las redes sociales y leyendo libros de pedagogos alemanes mientras paga puntualmente, mes a mes, la subscrición a Netflix así su hijo se mantiene adormecido. Que hay que ser vegano le hacemos la película del chancho chino, que el adolescente piensa que su vida es una porquería le hacemos la serie “13 razones para” y por último lo que me tocó ver este fin semana: “To the bone”,  que la adolescente quiere ser flaca entonces llamemos a Lily Collins para que haga de adolescente anoréxica con padres separados y madre lesbiana y mostremos como es un rehab de jóvenes con trastornos alimenticios. ¿Esto es grave porque así las niñas imitarán y se volverán anoréxicas? No señora! Eso es lo mismo que lo del pederasta rosarino, es grave porque sus hijos ven más de lo mismo, no ejercitan el musculo del juicio, lo adormecen, se vuelven carne de cañón, no tienen ni siquiera la iniciativa para ser anoréxicos, ahí se quedan en el sillón esperando a que usted pague un mes más y Netflix los siga manteniendo en el duermevela de la apatía. Los esta privando de la ceremonia de sentarse en una sala de cine, de pagar una entrada y de así generar la mayor actividad empática que existe que es la de meterse en la vida de otros. Entienda que Netflix es una empresa y lo único que hay detrás es la clásica teoría de la oferta y la demanda, el producto de eso es la tibieza y como dijo alguna vez un ex presidente argentino citando un pasaje del Apocalipsis “a los tibios los vomita dios”.

Jimena Ríos