Rosetta (1999) dirigida por los hermanos Dardenne fue de las primeras películas en las que un drama social europeo era el centro de una película moderna, blancos marginados por blancos. Esta película  mostraba que los marginales eran dignos de películas elegantes y que el estado de bienestar dejaba afuera también a ciudadanos europeos. La marginación no como una consecuencia genética sino como un fracaso del sistema. La cámara al hombro que se movía con cada paso acompañando a los personajes en su vida rutinaria era una novedad y nos hacia sentir testigos privilegiados de esas vidas, parte de ellas. (Creo que había algo de disfrute en ver como los europeos también lo pasaban mal pero eso es otra cosa que en alguna otra critica desarrollaremos.)

Así entraron los hermanos belgas en nuestra vida y en nuestro corazón, siguieron con la obra maestra “El hijo” y así, directos, con temas difíciles, dramas éticos y evitando golpes bajos nos mostraron cosas inesperadas: la contradicción. Hablamos ya en este blog de la última, la de la chica médica y ahí empezamos a dudar de la honestidad de los directores, ya había inmigrantes, sentíamos una mirada condescendiente: lo esperado.

Y ahora llegan como productores de La amante, opera prima del tunecino Mohamed Ben Attia. Y fuimos a verla para ver por qué los Dardenne quisieron que esta película llegara al mundo bajo su padrinazgo. Trata de un chico árabe, tímido, de un pueblo árabe, con una madre árabe tradicional que eligió al hermano como favorito, un trabajo aburrido y una boda arreglada con una chica de su pueblo que esta por suceder. Por trabajo al muchacho en cuestión lo mandan a un hotel. En ese hotel se levanta, sin hacer el más mínimo esfuerzo, a la más linda, más libertina y mas fácil de las árabes que porque toca toca la suerte es loca cae rendida a sus pies. En esos días de amor el chico se despierta de la sumisión en la que estaba y hace reflexiones  sobre la primavera árabe,  la vida y  el amor, ninguna demasiado inteligente pero lo suficiente para que usted también se duerma en el ensueño de lo esperable y pase 96 minutos mirando el relato y varias veces  la nuca del chico mientras camina, sí,  la cámara al hombro de los Dardanne que seguro que debe de haber conmovido a los productores como homenaje pero que acá no resulta porque ni el chico ni la película van a ningún lado. Uno espera que los árabes de los pueblos árabes hagan lo que hace este chico de la película y lo que muestra no es un drama social y ético,  es un drama cultural si quiere usted usar la palabra drama.

La pregunta acá es por qué los Dardanne producen esta película, parece una obra de caridad más que una apuesta por el séptimo arte, por qué quieren que miremos una opera prima con un guión sin lógica interna: los protagonistas no comen en ningún momento, pasan días y días de rutina sin incluir la comida ni la ducha,  se enamoran y viven sus días de amor sin tener que ir a trabajar cuando claramente pertenecen a una clase trabajadora oprimida. La primavera árabe aparece como excusa romántica casi le diría que es una falta de respeto la sola mención. Imagino a los Hermanos Dardanne haciendo un check list cuando recibieron el guión: protagonista sufrido y oprimido por su cultura, si, clase trabajadora, si, mención a conflicto político que llegó a los diarios socialistas de Europa, si, cámara al hombro, si. Dale nomas, financiemos.

No hay conversación sin contradicción,  no hay dilema ético cuando vemos lo esperado y el cliché masticado por otros sobre el  drama humano, usted no se conmueve, se compadece y cuando usted siente pena por el otro el juicio se le adormece y así queridos Jean Pierre y Luc, no vale.

Jimena Ríos