Fui oyente de radio y muy a mi pesar fui dejando el hábito. La radio es un arte y el arte no lo hace cualquiera, las emisoras empezaron a dejar sus programas en manos de los oyentes y los oyentes son maestras, remiseros, abogados que no tiene porque conocer el arte de hacer radio. Desde la mañana a la noche el porcentaje de voces de ciudadanos sonando en el contestador de la radio fue aumentando con los años y el mensaje constante era: Babi te admiro porque pienso como vos, me identifico con todo lo que decís! O usted si que dice la verdad Víctor Hugo por eso lo escucho yo. No solo no tenían creatividad las Susanas de Morón ni los Osvaldos de Temperley tampoco tenían opinión propia, el oyente admiraba a quien fuera igual que él y prendía el transistor buscando la verdad. Eso ofrecen hoy los medios y las redes: la verdad, toda lista y masticada, usted la lee, la agarra y la “comparte” en su muro. A las certezas uno se somete o se opone, así nacen las grietas, usted se pelea con su cuñada por lo que postea o se enoja con usted mismo por no saber en que creer y se siente obligado a tener certezas absolutas para afirmar o para oponerse. Hay que hacer juicio rápido, tomar partido, usted tiene que tener una idea previa de todo sino tomar la de otro y hacerla propia.

Y yo fui al cine y me senté una hora y media a ver un documental sin demasiada esperanza. “El Bosco, jardín de los sueños” del premiado documentalista José Luis López Linares. Es una obra de arte básicamente porque como el cuadro que analiza no nos da ninguna certeza.

Al final de la novela, el escritor desvela el misterio. En este caso, el autor no quiere que resuelvas el misterio, quiere que permanezcas en él“. Esto dice Reindert Falkenburg, inspirador del documental y una de las figuras que miran y reflexionan sobre lo que ven.

Lo que van a ver en el cine es a distintas personas, intelectuales, músicos, artistas gente que tiene en común un conocimiento especifico y una mirada amorosa, todos miran como si estuvieran viendo ese cuadro por primera vez y eso hace que sea tan conmovedor. Hay un dialogo al que somos invitados a participar y lo único que se espera de nosotros es que miremos con buenos ojos, sin intentar devolver una opinión o comprar el producto, ese modo de ver nos permite conmovernos.

Y esta mirada es la única forma de llegar a “la verdad” como dice la frase de Tarkovsky con la que empieza esta película: “Cuando una obra de arte nos conmueve, escuchamos en nuestro interior la misma llamada de la verdad que impulsó al autor a crearla”.

 

La música es impecable, clásica, medieval y la grata sorpresa “ Gods and Monsters “ de Lana del Rey con una escena que celebra la asociación libre y habilita que nuestra cabeza vaya a donde lo necesite.

 

Vaya al cine por favor, mire este documental, conmuévase y no lo postee.

Jimena Ríos